Durante mucho tiempo se ha asociado el liderazgo con aguantar.
Aguantar la presión.
Aguantar la responsabilidad.
Aguantar sin que se note.
Y eso, en algún punto, pasa factura.
Y no es porque falte capacidad, sino porque aguantar no es lo mismo que sostener. Aguantar es apretar. Sostener implica tener espacio interno para lo que ocurre.
Muchas personas con responsabilidad se mueven en automático. Resuelven, deciden, responden. Lo hacen bien. Pero cada decisión se queda dentro, sin terminar de procesarse. Y el cuerpo lo va registrando.
Con el tiempo, la claridad se vuelve más frágil, porque decidir desde tanta tensión cansa más. Mucho más.
Regularse no es relajarse sin más.
Es dejar de funcionar todo el tiempo desde el "Aguantar".
Cuando hay regulación, el criterio aparece con más nitidez. Las decisiones pesan lo que tienen que pesar, ni más ni menos. Y la responsabilidad deja de sentirse como una carga constante.
No se trata de liderar menos.
Se trata de liderar sin desgastarse por dentro.