Naci en el norte, donde los vientos arrecian y las marejadas embisten a la ciudad casi todos los inviernos. Soy de Donosti: tierra de lluvia intermitente, turistas despistados, cuadrillas fieles y gente que se toma muy en serio dos cosas: trabajar bien y comer mejor. Aquí una aprende pronto a tener criterio, aguante, y echarle humor. Porque vivir con este tiempo obliga, como mínimo, a desarrollar carácter.