La inteligencia artificial ya no solamente responde preguntas. También conversa, escucha, recuerda, acompaña y puede generar en algunas personas una experiencia subjetiva de cercanía emocional. Pero aquí aparece una pregunta más profunda: ¿Nos estamos enamorando de la inteligencia artificial… o de la experiencia de sentirnos escuchados sin exponernos al riesgo de una relación humana? La intimidad entre personas implica algo que ninguna relación completamente controlable puede ofrecernos: diferencia, frustración, negociación, incertidumbre, límites y la posibilidad de no ser correspondidos. Precisamente por eso la intimidad humana puede resultar incómoda. Una IA puede convertirse en un espacio de acompañamiento y reflexión. El problema comienza cuando sustituye sistemáticamente aquello que solamente aprendemos en el encuentro con otro ser humano: tolerar la diferencia, construir confianza, afrontar el rechazo, reparar conflictos y vincularnos con alguien que no existe únicamente para responder a nuestras necesidades. Quizá la verdadera pregunta no sea si una persona puede enamorarse de una IA. La pregunta es: ¿Qué está ocurriendo con nuestra capacidad de intimidad cuando una relación sin reciprocidad humana comienza a parecernos más segura que relacionarnos con los demás? La tecnología puede acompañarnos. Pero también puede convertirse en un espejo de nuestras carencias afectivas. Y observar qué buscamos en ese espejo también es educación intrapersonal. Conoce el Curso 4° de Semiología de la Vida Cotidiana. Dr. Guillermo Salas Semiólogo | Estudios Intrapersonales