SEPTIEMBRE NO VIENE A EXIGIRTE MÁS. VIENE A DEVOLVERTE A TI Septiembre tiene algo que me encanta porque nos devuelve esa sensación de orden, de intención, de volver a mirarnos un poquito más de cerca y preguntarnos cómo queremos vivir esta nueva etapa. Y este año no quiero que entremos desde la presión, desde el ahora sí tengo que hacerlo todo perfecto ni desde esa idea de que cuidarnos significa sufrir más, entrenar más, controlarlo todo o exigirnos hasta agotarnos, mi propósito con vosotras es algo mucho más bonito y mucho más poderoso y es que aprendáis a sentir satisfacción por aquello que construimos con presencia, con constancia y con intención, vivimos en una época en la que casi todo llega demasiado rápido. Abrimos una pantalla y encontramos entretenimiento, compramos y recibimos mañana, tenemos hambre y pedimos en segundos, nos aburrimos y buscamos otro estímulo inmediatamente y empezamos a acostumbrarnos tanto a la recompensa instantánea que todo aquello que necesita tiempo comienza a parecernos demasiado lento pero la vida más bonita no se construye asi, con recompensas de diez segundos sino cuando elegimos algo que nos importa y permanecemos ahí el tiempo suficiente para verlo crecer Y mi objetivo es contagiaros qué permanecer no significa sufrir y que disciplina no es sufrimiento pero si coherencia No quiero para vosotras y vuestro cambio que entrenéis exhaustas, contando cada bocado ni que conviertais vuestra rutina en una forma de castigarse, mi dirección es llevaros a aprender lo más valioso de cumplir pequeñas promesas contigo misma sin necesitar una recompensa inmediata cada vez Hay una diferencia enorme entre placer y satisfacción El placer aparece rápido y está bien, necesitamos disfrutar, necesitamos belleza, comida rica, viajes, conversaciones, risas, descanso y momentos que simplemente nos hagan felices Pero la satisfacción tiene otra profundidad cuando miras hacia atrás y sabes que aquello no ocurrió por casualidad, a sentirte más fuerte porque llevas semanas entrenando, tu relación con la comida cambia porque has practicado decisiones distintas una y otra vez y vuelves a confiar en ti porque dijiste que ibas a hacer algo y, sin drama, lo hiciste