Hay algo en los últimos días de Agosto que siempre se siente diferente, las tardes empiezan a acortarse, poco a poco guardamos el verano, volvemos a mirar la agenda y Septiembre aparece delante de nosotras con esa sensación de ahora sí, toca ponerse en serio, volver a entrenar, volver a comer bien, volver a organizarnos, volver a ser disciplinadas… como si durante unas semanas hubiéramos dejado de ser la mujer que estábamos construyendo pero este año quiero proponerte algo distinto y que no vuelvas a empezar, continúa Porque quizá tu verano no haya sido perfecto, quizá has entrenado menos de lo que imaginabas, has comido diferente, has viajado, has tenido días maravillosos y otros en los que tus rutinas desaparecieron por completo, puede incluso que hoy te mires y pienses que septiembre tiene que servir para compensar agosto y precisamente ahí es donde quiero cambiar esa conversación contigo No tienes nada que compensar, tienes mucho que continuar construyendo Una mujer disciplinada no es aquella que pasa doce meses al año haciendo absolutamente todo bien, es aquella que aprende a atravesar las diferentes temporadas de su vida sin abandonarse cada vez que las circunstancias cambian porque si solamente sabes cuidarte cuando tienes horarios perfectos, motivación, la nevera organizada y ninguna dificultad alrededor, todavía no has construido un hábito verdaderamente sólido, has construido una rutina que funciona únicamente cuando la vida coopera Y nosotros queremos algo mucho más fuerte como es aprender a cuidarnos cuando viajamos, cuando estamos cansadas, cuando tenemos una comida fuera, cuando llegan las vacaciones, cuando los niños están en casa, cuando una semana se desordena o cuando simplemente la motivación no aparece porque es precisamente ahí donde se construye esa mujer que ya no necesita empezar de cero cada septiembre, cada enero o cada lunes Así que antes de despedir agosto, no quiero que hagas una lista de todo aquello que crees que hiciste mal, haz memoria de todo aquello que sí conseguiste sostener, quizá entrenaste aunque no siempre, quizá aprendiste a elegir mejor en un restaurante, caminaste más, disfrutaste sin convertir una comida en una semana entera de abandono o simplemente volviste antes, quizá hubo días en los que antiguamente habrías tirado todo por la borda y esta vez no lo hiciste