Ayer no me di el tiempo de escribir mi experiencia, pero quiero dejarla registrada. Desperté muy temprano y, a pesar de eso, desperté con energía, más enfocada y más tranquila. Continúo notando mucho menos ruido mental, aunque también percibo una especie de lucha interna que todavía no sé explicar. Simplemente reconozco que está ahí. Hay algo que se ha repetido prácticamente todas las noches: no logro terminar la meditación despierta. Calculo que después de unos cinco minutos, justo cuando comienza la parte en la que mi cuerpo puede sentirse seguro y sostenido, me quedo dormida. A partir de ahí ya no recuerdo nada. Sin embargo, a diferencia de la primera noche, estoy descansando muy bien. Lo que más estoy valorando es descubrir que la meditación se está convirtiendo en mi ritual para cerrar el día. Nunca había tenido uno. Antes simplemente me acostaba llevando conmigo toda la carga del día, los pendientes y el ruido de mi mente.