No hace mucho, estando en una relación, elevé demasiado a esa chica, incluso por encima de mí, sufría, y no porque la quería mucho, jeje. Sino porque me fusionaba con pensamientos, "necesito que me quiera", "no puedo perderla", "sin esta persona todos mis proyectos de futuro se vienen abajo", "si no cedo en lo que me propone, me dejará", "si no estoy a la altura, me dejará y me quedaré solo", estos pensamientos, llegaron a convertirse en órdenes, y me llevaron a comportarme de formas "adaptativas", para evitar ese dolor... Complacía, justificada cualquier mala acción que hiciera ella, aguantaba faltas de respeto, daba de lado a mis propios valores... Dejé de actuar según mis valores, me convertí en alguien dócil, complaciente, y miedosa. Le dí una importancia excesiva a mi novia, generando un potencial excesivo, que acabó por reventar todo. Todo lo que había hecho para agradarla y que no me dejara, era justo lo que provocaba que me mandara a tomar por culo. Dejé de ser natural, me volví controlador, analizaba demasiado todo, quería interpretar todo, y cualquier acción venía de la necesidad. Cuando ella se alejó de mí, como bien cuenta @Emil Moreno ¡magia!, volví un poco a mi centro, y aprendí varias cosas: No luchar por controlar aquello que no depende de mí. No otorgar una importancia desproporcionada a aquello que deseo (pareja, objetos, situación)... Y fíjate, mientras esa persona subía, (ella consiguió ciertos logros que se propuso, durante la relación), yo iba bajando jeje. (me arruiné, me desgasté mucho, externalicé demasiadas cosas oscuras) Se convirtió en una relación vertical. Cuando una relación sana debe ser horizontal. Y con tiempo, ves las cosas, ves a la persona, yo veo a mi ex, y me doy cuenta, que idealicé muchas cosas, que solo estaban en mi cabeza, jeje. ciertos atributos que ella no tenía, y yo los proyectaba sobre ella. Idealicé demasiado, porque pensaba que necesitaba algo que ella tenía para yo sentirme completo.