Hola @Natali R , no conozco ese dolor con un ser querido (sea perro a persona), quizás eso sea un problema, vivir anestesiado, o que quizás no llegas a establecer un vínculo tan estrecho, como el que tuviste con tu perrita. Si lo he conocido de cerca, de un compañero de facultad, que durante años, su perro, le enseñó muchas cosas, le enseñó unos valores, un estilo de vida, el lo plasmó en un libro."todo lo que aprendí de mi perro", o algo así creo que se llama el libro, mi compañero de universidad se llama Juan Antonio Roque. El auto-editó el libro, no sé si está todavía a la venta. Para mi lo más cercano a ese vínculo, quizás fue, la muerte de mi abuela, una abuela, que nunca conocí, que estaba en otro continente, y con la que a veces lloro. Fue un pérdida dura, era joven, no tuve la oportunidad de conocerla en persona, pero si me contaron sus vivencias en la época colonial. Tu disfrutaste de tu perrita, pudiste vivir con ella, amarla, disfrutar con ella, etc. Yo en mi caso, nunca la conocí, pero sé que la amo, y empatizo mucho con la época que vivió. Lo más crudo fue, que me enteré 5 años después, de que había muerto, antes de eso, siempre pensaba que mi abuela estaba en Guinea Ecuatorial, (África Occidental), en una isla, y que algún día iría a verla en barco. Uno siempre piensa, que los seres queridos son eternos, que van a estar ahí, para ver los acontecimientos, para disfrutar, para ver todo lo relevante, para poder compartirlo con ellos. Pero llega un día, y ni siquiera tienes la oportunidad.... Desde entonces, este hecho me marcó, y a partir de ahí, aprovecho cada oportunidad que tengo, aunque tenga que pedir perdón, en vez de permiso. Para hacer lo que me nace, en compartir con mis seres queridos, porque no sé cuando será la última vez. Y esta costumbre, me ha hecho generar grandes recuerdos, grandes memorias sensitivas hermosas, inolvidables. Un fuerte abrazo.