Fue una fuerza de la naturaleza indomable, con un carisma magnético y una genialidad intuitiva. Su temperamento, volcánico y racial, le hacía disponer de una energía física y emocional que electrizaba cualquier espacio, era pura intensidad, visceralidad y fuego escénico. Su talento no provenía de academia, tenía una honestidad y una autenticidad desbordantes, hablaba sin filtros rompiendo tabúes con total naturalidad. Tenía un sentido de familia y tribu inquebrantable y una generosidad legendaria, capaz de repartir lo que no tenía para los artistas que caían en desgracia. Orgullosa de su identidad y de sus raíces, con una seguridad monumental, consiguió ser querida y apreciada por quien era. La tierra es lo que nos ancla, donde enraizamos, nuestro hogar y lo que somos. Toda ella era tierra volcánica. ¡Oh Tierra! ¡Madre Tierra! Yo te siento latir bajo mis pies, y en mis entrañas un eco de tus cuevas y montañas se mueve al ritmo de tu propio viento. Soy tuya, toda tuya... En mí penetra tu fuerza creadora, sorda y fuerte, que burla los mandatos de la muerte y en llamaradas de pasión se metra. A veces soy la roca que resiste, y a veces soy el fuego que revienta, la lava que devora y alimenta el suelo sobre el cual te desvestiste. Alfonsina Storni