Esta obra esta hecha con técnica mixta: lápices de colores y acrílico, sobre base de gesso aplicado en soporte MDF. Medidas: 60 x 74 cm ( con marco incluido) Soy una artista que todavía tiene mucho camino por recorrer. No busco un estilo fijo, porque me interesa experimentar y probar técnicas. Elijo las imágenes que pinto, sobre todo, por las emociones que veo en ellas. Adán no fue la excepción. Nunca pinto o dibujo algo para que sea explicado, sin embargo os comparto la reflexión que tuve. Este retrato forma parte de un díptico, pero puede verse solo. Lo llamé Adán como un punto de inicio, nada más. No hay mito ni metáfora. Mientras lo pintaba mi pensamiento se quedó anclado en los ojos cerrados. No tiene que ver con meditación ni con calma. Para mí significa algo más simple: cerrar los ojos para poder mirar hacia adentro. Ese gesto me hizo darme cuenta de que muchas veces evito lo que tengo delante, incluso cuando lo estoy pintando. Adán me recordó que el cuerpo guarda lo que no decimos. No hablo de emociones profundas ni de ideas espirituales. Hablo de cosas concretas: tensión, cansancio, rigidez, costumbres. La cara muestra marcas que no se pueden borrar y que no dependen de lo que uno quiera mostrar. Eso es lo que me interesa en este retrato. Lo que queda cuando se terminan las explicaciones y solo queda el cuerpo con su historia. Solo un retrato que no intenta justificarse. Eso es todo lo que puedo decir de Adán sin agregar nada que no esté ahí. Adán está ahí para ser mirado sin filtros, como tuve que mirarlo yo mientras lo pintaba.