No crucé el valle buscando respuestas, crucé buscando a quien me abandonó dentro de mí.
Entre la vela, el cuaderno y el agua oscura, descubrí que muchas veces amé desde el miedo a no ser suficiente.
Fui refugio, medicina, salvadora, porque en secreto esperaba que alguien también viniera a salvarme.
Y entendí…que el apego no siempre grita. A veces se disfraza de entrega, de cuidado excesivo, de permanecer donde el alma ya se siente cansada.
El agua oscura me mostró mi reflejo: Una mujer buscando validación en ojos ajenos, olvidando mirarse con amor propio.
Hoy no salgo del valle siendo perfecta. Salgo siendo consciente. Y tal vez ahí empieza la verdadera libertad.