El dharmadhātu (sánscrito; en tibetano chos dbyings) suele traducirse como “la esfera/elemento de los fenómenos” o “el campo de la realidad”. No es un “lugar” ni una idea abstracta lejana: apunta a la base abierta y vasta en la que aparecen todas las experiencias (pensamientos, emociones, sensaciones, sonidos) sin quedar atrapados en ellas. En muchas tradiciones mahāyāna y vajrayāna se describe como inseparable de la vacuidad y la claridad: vacío de identidad fija, pero plenamente presente como experiencia viva. ¿Cómo se practica en comunidad (sin ponerse místicos ni complicarse)?La práctica no es “fabricar” el dharmadhātu, sino reconocerlo una y otra vez. 1) Pausa de 30 segundos: “campo abierto” 1. Siéntate cómodo/a. 2. Nota que estás percibiendo: sonidos, sensaciones, pensamientos. 3. En vez de seguir cada cosa, pregúntate suavemente:“¿En qué espacio aparece todo esto?” 4. Descansa 2–3 respiraciones en ese “campo” sin agarrarte a nada. 👉 Clave: no se trata de “quedarte en blanco”, sino de permitir que todo surja y se disuelva en un espacio más amplio. 2) Práctica diaria: “todo pertenece” Durante el día, elige 3 momentos (al abrir el portátil, al beber agua, antes de responder un mensaje) y haz esto: - Reconoce lo que hay (emociones, tensión, prisa). - Suelta la historia por un instante. - Vuelve a lo simple: sensación + espacio.Esto entrena a ver que incluso lo incómodo también aparece en el mismo campo, sin definirte. 3) Relación consciente: dharmadhātu en lo social En conversaciones de la comunidad: - Antes de responder, respira una vez. - Escucha como si las palabras fueran “sonido en el espacio”, no un ataque o una etiqueta. - Responde desde claridad, no desde reacción. 4) Ritual sencillo semanal “Círculo Dharmadhātu – 10 minutos” - 2 min: silencio guiado (“nota el espacio que contiene todo”). - 5 min: cada persona comparte 1 frase: “Hoy reconocí el campo abierto cuando…” - 3 min: intención: “Esta semana voy a practicar en [momento concreto]”.