El plan de imponer aranceles universales del 20% pinta de rojo los tableros de Wall Street y de vergüenza los libros de historia económica.
En un acto que recuerda las políticas económicas más proteccionistas del siglo pasado —aunque esta vez sin necesidad de máquina del tiempo—, Donald Trump y su equipo han redactado un plan para aplicar aranceles de hasta 20% sobre la mayoría de las importaciones a EE.UU. La idea, según el expresidente, es remediar “décadas de prácticas comerciales injustas”.
¿A qué se refiere exactamente? A un sistema global que, según su visión, ha permitido a otros países subsidiar su producción, manipular sus monedas, imponer barreras técnicas y burocráticas a las exportaciones estadounidenses y aprovecharse de tratados que, en palabras de Trump, “dejaron al trabajador estadounidense en la ruina”.
Bajo este diagnóstico, China ha inundado el mercado con productos baratos, Europa ha mantenido políticas agrícolas proteccionistas y México se ha beneficiado del T-MEC sin pagar el precio completo de entrada. Pero lo que parece una cruzada proteccionista para “liberar” a la industria estadounidense, en realidad podría liberar el Kraken de la recesión. Moody’s anticipa una caída inmediata del PIB, 5 millones de empleos perdidos y un desempleo que superaría el 7%. Y si esto es lo que Trump llama “Día de la Liberación”, que no nos invite al desfile.
Según reveló en exclusiva The Washington Post, el plan —que se anunciaría oficialmente el 2 de abril en una ceremonia en el Jardín de las Rosas, irónicamente— contempla tarifas planas de entre 15% y 25% sin distinción de país de origen. Bajo la bandera de una “reciprocidad” tarifaria, la Casa Blanca incluso evalúa usar la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977 como justificación legal.
Esta norma fue concebida para otorgar al presidente amplios poderes en situaciones de amenaza grave para la seguridad nacional, como guerras o crisis financieras internacionales. Usarla para aplicar tarifas comerciales a países aliados no solo es jurídicamente controversial, sino que roza lo absurdo: es como usar una alarma nuclear para anunciar el cierre del supermercado.
Como si el déficit comercial fuera un huracán categoría cinco. Con un ojo puesto en las elecciones y otro en un posible dividendo fiscal para los ciudadanos (con dinero recaudado de los aranceles, por supuesto), la administración Trump parece jugar una ruleta rusa económica, esta vez sin casco ni casco dorado. Los mercados ya reaccionaron: el S&P 500 cayó 8% desde febrero, y las expectativas de los consumidores se hundieron a su peor nivel en 12 años.
Ahora bien, sería injusto —aunque tentador— tachar todo el plan de delirio económico sin reconocer su lógica política. Sectores como la industria del acero o la farmacéutica podrían beneficiarse temporalmente, y para muchos votantes en estados industriales, el discurso de “reconstrucción nacional” sigue resonando. Para la administración Trump, esta política no es solo un mensaje electoral, sino una estrategia de presión global que busca recuperar terreno en sectores clave.
Como informó The Washington Post, la Casa Blanca considera que estas tarifas "rebalancearán un sistema comercial global que ha discriminado a EE.UU. durante décadas, convirtiendo en cascarones vacíos a las comunidades fabriles del país". Nick Iacovella, de la Coalición por una América Próspera, celebra la medida como una forma de dar certidumbre a la industria local. Además, Trump insiste en que se podrían excluir productos que ya no se fabrican en EE.UU., y considera tarifas sectoriales más altas para rubros como automóviles, madera y cobre. Si bien esto podría suavizar el golpe, el enfoque sigue siendo una espada de doble filo… oxidada por la inflación.
Pero los economistas —sí, esos especialistas que todavía creen que el libre comercio no es una conspiración global, sino una teoría con siglos de evidencia— están casi unánimemente en contra. Greg Mankiw, profesor en Harvard y autor de uno de los manuales de economía más usados del planeta, no se guardó nada: “No he visto una política más equivocada en décadas”.
Y lo dice alguien con décadas de experiencia analizando ciclos económicos, recesiones y recuperaciones, lo que le da autoridad para reconocer una política desacertada cuando la ve. Goldman Sachs estima que, con tarifas del 15%, el crecimiento caería al 1% anual y la probabilidad de recesión superaría el 33%. EY Parthenon y Moody’s coinciden: esto no es un ajuste, es un plan de choque con efectos regresivos, especialmente sobre los consumidores de menores ingresos. Porque sí, al final, los aranceles los pagan ellos, no China.
Mientras Trump cocina sus tarifas al punto “bien hechas” para el Jardín de las Rosas, los mercados se preparan para una poda en reglas del comercio global. Puede que los votantes aplaudan la música patriótica, pero cuando llegue la cuenta del supermercado (más cara gracias al “arancel”), el único liberado será el índice de precios. Bienvenidos al proteccionismo 2.0: ahora con más drama, menos crecimiento y, por supuesto, ningún economista invitado al banquete.
Fuente original:The Washington Post, “Trump aides draft tariff plans that experts say could hurt the economy”, por Jeff Stein y David J. Lynch. Publicado el 1 de abril de 2025.