Por años viví pensando que el problema era cuánto ganaba. Que si ganara más, todo cambiaría.
Pero cada vez que subía un poco el ingreso, los gastos subían igual. El dinero llegaba y se iba como si mis manos tuvieran hoyos.
Fue hasta que leí a T. Harv Eker que entendí algo que me sacudió: el problema no era el dinero, era mi termostato financiero. La temperatura a la que tu mente está programada para vivir.
Si estás programado para el nivel de subsistencia, aunque ganes más, siempre vas a regresar ahí.
Eso me lo enseñó la vida antes de que alguien lo pusiera en palabras. Trabajé duro por años y seguía en el mismo lugar porque mi mente no estaba lista para más. Tuve que cambiar la programación primero.
La buena noticia es que ese termostato se puede ajustar. No de un día para otro, pero sí con conciencia, con comunidad y con las herramientas correctas.
¿En qué nivel sientes que está programado tu termostato financiero hoy? Cuéntame aquí abajo, sin pena.