No fui yo quien eligió la soga
que hoy asfixia tu ausencia.
Tampoco la que implora
una última cita... o el olvido.
Nunca lastimé lo suficiente,
no como aquella carta
No hallaste más camino,
ni cuerdas que saltar de niña,
ni formas de ganar batallas,
ni dosis para calmar tu ira.
Solo queda un deseo fugaz
de vuelo: lejos, libre y mujer.
Sin tener que elegir el miedo