Nunca coincidimos,
no pude ver cómo dejabas cada gota de tu vida
haciendo magia con tu saxo
liberando notas y frases
que iban directamente al cielo
para ponerse a hablar con los pájaros,
ellos sí te entendían
porque hablabais el mismo idioma,
no como los humanos
siempre aferrados
a la vulgaridad de lo palpable.
No pude estar allí
para liberarte
de la jaula blanca y oro
de la que nunca salías,
hasta que se rompieron los barrotes.