Cupido está ebrio, boca abajo
sobre su propio vómito.
Le duele un ala rota y la otra
casi sin plumas.
Calza zapatillas robadas,
extravió su único arco
y espanta yonquis
con las dos flechas que le quedan.
Ya no recuerda como
llegó hasta ahí.
Era el Rock Star del mundo,
y sin más se perdió
en la vorágine
del sistema sin tregua,
donde mastica anuncios,
traga pantallas,
y duerme en la cuneta
del algoritmo.