Mi querido Santi me ha inspirado para que hoy les comparta algo muy verdadero. Después de haber crucificado a mi madre en aquella psicoterapia del retiro, me libere de un dolor antiguo, un resentimiento tan hondo que me paralizaba.
Pero algo sagrado se movió en mí. Al volver, lo único que pude sentir por ella fue amor.
Fui a su casa, le pinté la pared herida por la humedad, como si también estuviera restaurando un rincón de nuestra historia. La invité a comer, le abrí mi corazón y le conté lo vivido en el retiro. Lloramos juntas, y entre lágrimas sentí que la casa, las paredes y nuestras almas respiraban una reconciliación hermosa y verdadera.
Ahora nuestro nuevo propósito es rescatar a mi hermana Mediana de ese bucle doloroso. Con la ayuda de Dios, confiamos en que encontrará la salida hacia la felicidad que merece, para que pueda expresar el amor inmenso que es, igual que todos nosotros.