En la autopsicoterapia de hoy vino un recuerdo de la infancia, cuando Nubia dejó de jugar conmigo, mi conciencia —aún inocente— interpretó que no ser elegida era una amenaza para mi existencia. Ahí nació un programa interno: “si no me eligen, no soy suficiente… y eso duele como morir.”
Según las enseñanzas de David R. Hawkins, ese dolor no era la verdad… era energía emocional no procesada, una identificación del ego que quedó almacenada en mi campo.
Y desde ahí viví muchas relaciones:
no desde el amor… sino desde el apego.
no desde la libertad… sino desde el miedo a perder.
Hoy, al revivir esa escena, no la alimenté… la observé.
Y al observarla sin juicio, empezó a disolverse.
Comprendí que Nubia no me rechazó.
No hubo abandono.
Solo hubo una interpretación desde una mente infantil.
Y esa comprensión ha traído luz a mi presente…
a mi relación con Fernando.
Durante mucho tiempo intenté sostener el vínculo desde el esfuerzo, desde la expectativa, desde la necesidad de que él me eligiera como yo necesitaba ser elegida. Pero eso no era amor… era apego disfrazado.
Hoy veo con claridad:
No compartimos el mismo nivel de conciencia.
No miramos en la misma dirección.
No sentimos la vida —ni la espiritualidad— desde el mismo lugar.
Y según Hawkins, cuando intentas mantener una relación desde niveles como el miedo, la culpa o la dependencia… el sufrimiento es inevitable.
Por eso, hoy elijo algo distinto.
Elijo soltar la necesidad de ser elegida.
Elijo soltar la culpa por no elegir.
Elijo dejar de resistir lo que es.
Porque el dolor no viene de la situación…
viene de la resistencia a la situación.
Estoy en duelo, sí… pero ahora lo atravieso desde la conciencia, permitiendo que la emoción se libere sin identificarme con ella.
Y en esa rendición —en ese dejar ir— aparece algo nuevo:
Paz.
No soy culpable.
Él tampoco.
Solo somos dos campos de conciencia que han compartido un tramo…
y que ahora, sin juicio y sin resistencia, se pueden separar.En un recuerdo de la infancia, cuando Nubia dejó de jugar conmigo, mi conciencia —aún inocente— interpretó que no ser elegida era una amenaza para mi existencia. Ahí nació un programa interno: “si no me eligen, no soy suficiente… y eso duele como morir.”
Según las enseñanzas de David R. Hawkins, ese dolor no era la verdad… era energía emocional no procesada, una identificación del ego que quedó almacenada en mi campo.
Y desde ahí viví muchas relaciones:
no desde el amor… sino desde el apego.
no desde la libertad… sino desde el miedo a perder.
Hoy, al revivir esa escena, no la alimenté… la observé.
Y al observarla sin juicio, empezó a disolverse.
Comprendí que Nubia no me rechazó.
No hubo abandono.
Solo hubo una interpretación desde una mente infantil.
Y esa comprensión ha traído luz a mi presente…
a mi relación con Fernando.
Durante mucho tiempo intenté sostener el vínculo desde el esfuerzo, desde la expectativa, desde la necesidad de que él me eligiera como yo necesitaba ser elegida. Pero eso no era amor… era apego disfrazado.
Hoy veo con claridad:
No compartimos el mismo nivel de conciencia.
No miramos en la misma dirección.
No sentimos la vida —ni la espiritualidad— desde el mismo lugar.
Y según Hawkins, cuando intentas mantener una relación desde niveles como el miedo, la culpa o la dependencia… el sufrimiento es inevitable.
Por eso, hoy elijo algo distinto.
Elijo soltar la necesidad de ser elegida.
Elijo soltar la culpa por no elegir.
Elijo dejar de resistir lo que es.
Porque el dolor no viene de la situación…
viene de la resistencia a la situación.
Estoy en duelo, sí… pero ahora lo atravieso desde la conciencia, permitiendo que la emoción se libere sin identificarme con ella.
Y en esa rendición no hay perdid hay evolución