Estoy conmovida…
como si el alma se me hubiera abierto en silencio
y todo dentro de mí hubiera aprendido a arrodillarse ante lo invisible.
Gracias, Dios…
por llegar sin hacer ruido y tocar lo que parecía imposible.
Has pasado por mi familia entrando en mi casa como una luz que no pide permiso,
sanando sin explicación,
abrazando lo que llevaba años separado.
Y yo…
me quedo sin palabras,
porque hay alegrías que no se dicen,
solo se sienten
como un río suave que lo llena todo.
Hoy no quiero entender nada,
solo rendirme…
rendirme al amor que restaura,
al amor que une,
al amor que siempre estuvo…
esperando ser reconocido.
Gracias…
porque donde hubo distancia, hoy hay paz.
Donde hubo dolor, hoy hay ternura.
Y en medio de todo,
una certeza silenciosa:
El amor de Dios lo ha hecho todo