En el colegio le daban por perdido. Dicen que acabó multimillonario. Y todo empezó porque alguien se equivocó al apuntar una nota. Lo jo*ido es que a ti te puede estar pasando lo mismo, pero al revés. Te cuento una historia que me contaron hace años y que no se me ha ido de la cabeza. Jake Thomson era el típico chaval al que en el colegio ya habían dado por perdido, como a un mechero sin gas. Suspendía casi todo, se sentaba al fondo y tenía la autoestima a la altura del felpudo. En casa le decían que no valía para estudiar. En clase le decían lo mismo, pero con mejor letra. Un día les pasaron un test de inteligencia. Y alguien la c*gó al apuntar los resultados: a Jake le pusieron la nota de otro chaval. De repente, en el papel, Jake era superdotado. Nadie se dio cuenta del error. Los profesores empezaron a mirarle con otros ojos. Le tenían más paciencia, le preguntaban más y le exigían más. Y Jake, que de tonto no tenía un pelo, notó algo raro: por primera vez alguien esperaba algo de él. Así que empezó a portarse como lo que le habían dicho que era. Estudiaba. Levantaba la mano. Se equivocaba y volvía a intentarlo. Al acabar el curso sacaba notas de chaval listo y nunca más volvió al fondo de la clase. Jake no cambió el día que le dieron la nota. Cambió el día que se la creyó. Mira, a ti también te pusieron una nota de crío. Te la puso tu padre, un profesor, el barrio o aquella ex que te dejó tieso. Y llevas años portándote como ella, como un actor que se sabe tan bien el papel de pringado que ya no recuerda que era un papel. Qué p*tada, ¿no? Casi todos los que acompaño viven con la cuenta al revés: «Cuando tenga dinero, haré lo que quiero y entonces seré alguien». Y se pasan la vida esperando, como el que espera que le toque la lotería sin comprar décimo. Funciona justo al contrario. Primero eres. Luego haces lo que haría esa persona. Y lo que tienes llega detrás. Epicteto lo dejó dicho hace casi dos mil años: «Primero dite a ti mismo lo que quieres ser, y luego haz lo que tengas que hacer».