Quiero contar un poco de mi historia.
Un día me encontré atrapada en una oscuridad profunda, donde el dolor, el vacío y la desesperanza eran mi día a día. Me sentía perdida, sin sentido, cargando heridas que pesaban demasiado. Hubo momentos en los que ya no quería seguir, donde pensé que rendirme era la única salida… y aun intentando salir, nada parecía funcionar.
Hasta que un día solté todo. Y en medio de esa oscuridad, apareció un pequeño rayo de luz dentro de mí.
Decidí dar la batalla. Me enfrenté a mi propio dolor, me miré con honestidad y elegí sanar. No fue fácil; hubo subidas y bajadas, pero poco a poco fui encontrando mi verdadera luz y tuve el valor de empezar de nuevo desde cero.
Aprendí a creer en mí, a sentir que merecía vivir, y en el camino conocí el amor propio —ese del que muchos hablan, pero que yo no había experimentado realmente. Comprendí que, a pesar de mis errores, siempre estaba evolucionando.
Hoy agradezco a la vida y a mí misma por ser mi propia maestra, por tener propósito, por el amor… y por descubrir lo profundamente bella que es la vida.
Mónica Tellez