Sanar no es eliminar el dolor, es aprender a escucharlo.
Todo lo que sientes tiene un mensaje.
Cada emoción que evitas, se repite.
Cada emoción que abrazas, se transforma.
Tu cuerpo no está en tu contra,
tu alma no está perdida,
solo están esperando que los mires con conciencia.
Respira.
Siente.
Permite.
Ahí comienza la verdadera sanación.