Un diciembre hace unos años (2018) pasé por un momento muy difícil, intentando desesperadamente no caer en depresión pues sentía que estaba a un pasito de caer en ella, y luchaba con todas mis fuerzas para no permitirlo, para mí entender en aquel entonces, sentía que si lo hacía mi vida sería, literalmente, miserable.
Decidí tomarme la práctica de meditación en serio, porque cualquier otra opción era absolutamente inaceptable y algo en esa decisión debió de cambiar o desencadenar algo en mi mente. Me di cuenta de que esta vez la meditación era realmente diferente.
Un día, estaba haciendo una de esas meditaciones largas, acerca del no aferrarse y el desapego. Estaba muy concentrada y absorta en ello, soltando todo lo que puedas imaginar, mis sentimientos hacia personas, lo que había imaginado era mi futuro, las cosas que deseaba, mis temores, todo lo que en ese momento venía a mi mente, lo dejaba ir, sin importar si fuera bonito, positivo o negativo… todo.
Fue la primera vez que experimenté lo que era el vacío, la vacuidad; por breves instantes no había nada en mi mente, ni emociones, ni pensamientos. Simplemente podía soltarlo todo. Al final sentí tanta paz que pensé que era un buen momento para escribir sobre quién era, quién quería ser y qué quería.
Tengan en cuenta que lo siguiente que voy a contar sucedió en cuestión de segundos.
Estaba sentada en mi sala, sola, y en el momento en que pensé "¿quién soy?" me di cuenta de que no tenía respuesta. No era confusión, no era que no sabía, era que no había Nada.
Tuve un ataque de pánico instantáneo...
Todo sucedió de golpe, no fué una cosa tras otra, fue todo al mismo tiempo... Entré en pánico porque no era nadie, no existía, no había absolutamente nada que ver, a qué aferrarse, sentir o identificarse… Nada.
Pensé que me estaba volviendo loca, tal era el nivel de desestabilización que sentí, pero antes de que pudiera empezar a hacer algo o incluso abrir los ojos, todo a mi alrededor desapareció, y me fundí con todo.
Fue literalmente una sensación de derretirme y fusionarme con todo lo que me rodeaba. Cómo una gota de agua cayendo en un océano. Sentí que era parte de todo, no yo, no una persona, solo era parte de todo.
Ya no podía verme a mí misma, ni mi cuerpo; solo era todo lo demás.
Podía ver el mundo a mi alrededor igual que siempre, pero al mismo tiempo veía una corriente de partículas y energía brillantes en movimiento que conformaba todo a mi alrededor; todo era lo mismo y yo era parte de ello.
Espero que esto tenga sentido, porque no tenía otras palabras para describirlo en ese momento.
Podía sentirme a mí misma en donde estaba, flotando en esa corriente, y al mismo tiempo podía ver y sentir la silla que tenía delante, desde su perspectiva, yo era la silla también. Podía ser la silla, podía ser la pared…sin perder la perspectiva de mi misma…
Esto era demasiado, y entré en pánico. Estaba segura de que si alguien hubiera entrado a la sala en ese momento, habría sentido lo mismo, que yo también era esa persona, y que todos éramos la misma "cosa", eso me dió más miedo aún.
Realmente pensé que estaba a punto de desaparecer, a punto de dejar de existir en el espacio y el tiempo.
Fue la experiencia más increíblemente asombrosa que había vivido (para ese momento, porque después vinieron más), pero también la más aterradora.
Salí de ese estado por pura fuerza de voluntad, como cuando estás en una pesadilla, y te das cuenta y quieres despertar.
Ese fue el momento que lo cambió todo. Después de eso, yo era la misma y diferente a la vez; aparentemente todo seguía igual, pero yo podía ver una profunda, sutil diferencia, había algo más.
Mi práctica de meditación cambió, se volvió más fácil, y en lugar de estar en ese estado de ilusión (de lo que uno cree que es la realidad) todo el tiempo, solo con pequeños momentos de consciencia despierta aquí y allá, era diferente, el estado de claridad, de conciencia, de realización estaba allí todo el tiempo.
En ese momento no podía hablar con alguien acerca de eso porque no conocía a nadie que lo hubiera experimentado, o que al menos supiera algo acerca de ello, ni yo sabía nada, así que también tenía miedo.
Después de esta experiencia recordé que la primera vez que medité en mi vida tenía 7 años, con mi maestra de tercer grado; lo había olvidado por completo. Y recordé que lo hice en diferentes momentos de mi infancia y en mi adolescencia tuve algunas experiencias. Seguro que había estado allí, en ese estado, en sueños muchas veces, pero mientras dormía todo estaba bien... Vivirlo plenamente despierta es otra cosa.
Ahora que ha pasado el tiempo y he integrado está experiencia siento que estoy ahí todo el tiempo; es como una expansión de la conciencia, libertad plena, conexión con el amor divino e infinito, siempre presente, incondicional, pero sin la locura y el miedo de la primera vez. La empatía y la compasión no hacen sino crecer y crecer, y sin duda fue un punto de apertura, de abrirme a la vulnerabilidad, hacia cada experiencia que ésta vida tenga que ofrecer, fue unos de despertares más asombrosos y reveladores que he tenido, uno de los primeros de muchos por venir.