Hay un duelo del que casi no se habla.
Un duelo que no siempre tiene nombre, ni fecha, ni ritual.
Pero que pesa.
Es el duelo que aparece cuando la crianza no es como la imaginabas.
Cuando llega un diagnóstico.
Cuando tu hijo trae una historia previa.
Cuando la maternidad o la paternidad no se parece a la foto que un día soñaste.
Cuando descubres que tendrás que aprender más, sostener más, renunciar más…
y aun así amar igual o incluso más.
Este duelo es invisible porque:
- Tu hijo está vivo.
- Le quieres profundamente.
- Estás agradecida/o por tenerlo.
- “No deberías quejarte”, según muchos.
Y sin embargo…
💔 duele lo que no fue
💔 duele lo que no será
💔 duele soltar expectativas que nadie te enseñó a soltar
Puedes amar a tu hijo con todo tu corazón y a la vez sentir tristeza, enfado, miedo o cansancio.
Una cosa no anula la otra.
Aceptar este duelo no te hace mala madre ni mal padre.
Te hace humana.
Nombrarlo es el primer paso para:
- dejar de exigirte tanto
- entender tus emociones
- cuidar también de ti
- y acompañar a tu hijo desde un lugar más real y más compasivo
Aquí, en este espacio, hay sitio para ese duelo.
No hace falta justificarlo, ni minimizarlo, ni esconderlo.