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Filosofada Dominguera - Ego Espiritual
Hoy quiero hablarte del ego espiritual. Sí, de ese ego que ya no grita… pero susurra. De ese que no se conforma con tener razón… ahora quiere tener consciencia. De ese que no se defiende con ataques… ahora se defiende con luz. Durante años creí que avanzar en el camino del desarrollo personal me estaba liberando. Libros. Talleres. Técnicas. Mantras. Retiros. Todo eso me hacía sentir "mejor". Y sin embargo, seguía defendiéndome. Seguía controlando. Seguía queriendo que el mundo girara según mi nivel de “despertar”. Lo peor es que, cuanto más “espiritual” me volvía, más difícil era ver esta trampa. Porque ya no estaba identificada con lo mundano, sino con lo elevado, con lo “sabio”. Orgullosa de mi sombra integrada. Pegada a una identidad que dice: “yo ya no soy eso”. Pero un día lo vi claro: Mi ego se había puesto túnica blanca. Y lo peor no era eso. Lo peor es que me había convencido de que ya lo había trascendido. Porque el ego no desaparece en el camino espiritual… solo se vuelve más elegante, más sofisticado. más “consciente”. Y por eso mismo, más difícil de ver. Sigue juzgando, pero ahora lo hace desde el rol de observador. Sigue comparando, pero ahora con “sabiduría”. Sigue queriendo tener razón, solo que ahora se disfraza de “verdad”. Ese ego espiritual es el más peligroso. No porque sea malo… Sino porque nos aleja de la humildad mientras creemos que estamos más cerca de la luz. Hoy te dejo 3 claves para no perderte en esta trampa del ego espiritual: 1. Cuestiona tu necesidad de tener razón, incluso cuando parece “evolucionada”. 2. Observa lo que te molesta de los “no conscientes”. 3. No acumules herramientas como medallas. La verdadera espiritualidad no se trata de saber más, ni de sacrificar o tener menos, sino de soltar más. Hoy te invito a quedarte con esta pregunta: 👉 ¿Cuándo fue la última vez que tu ego presumió de “eso ya lo tengo trabajado”? Y si te resuena, respóndeme. Me encantará leerte.
Filosofada Dominguera – La búsqueda, lo buscado y el buscador
Buscamos reconocimiento, respeto, admiración, validación… Buscamos seguridad, calma, paz, alegría. Buscamos sentirnos vistos, seguros, amados. Pero todo eso que buscamos no es más que un sucedáneo del amor. Una imagen mental de lo que creemos que es el amor. Una proyección de lo que creemos que nos falta. Nos dicen que lo que buscamos fuera está dentro. Pero incluso eso… es parte del juego. Porque la verdad es que no puedes encontrar lo que nunca perdiste. Los maestros advaita nos recuerdan que lo que buscas… es lo que eres, y que el buscador es una creación mental. La búsqueda es una ilusión que sostiene la identidad del buscador. Mientras haya un “yo” que cree que le falta algo, seguirá fabricando caminos, metas, deseos, propósitos… y seguirá buscando. Pero nada de lo que creas encontrar puede ser lo que buscas. Porque si lo puedes encontrar, ya es algo diferente de ti. El buscador crea la búsqueda. Y la búsqueda hace al buscador. Son las dos caras de la misma ficción. La paradoja es esta: Solo cuando dejas de buscar, cuando sueltas la necesidad de completarte, cuando te rindes al momento tal como es… la verdad se revela: Ya eres. Ya está. Ya es. Hoy no te pido que busques más. Solo que observes al que busca. Mira con amor ese impulso de ir hacia fuera o hacia dentro. Y nota el silencio que queda cuando no lo sigues. Sigue estas 3 Pautas para dejar de buscar y empezar a habitar-te: 1. Observa el impulso de buscar sin seguirlo.No tienes que actuar cada vez que sientas vacío.Solo darte cuenta de que el impulso está ahí… y tú lo estás observando. 2. Suelta la idea de que falta algo.La mente siempre quiere “cerrar el círculo”, pero el Ser no necesita completarse.Pregúntate: ¿qué pasaría si no me faltara nada? 3. Habita el silencio sin expectativas.Deja que el momento sea lo que es.Ahí, sin pretender nada, lo que eres se revela por sí mismo. Recuerda: nada que puedas encontrar fuera te completa. Porque Tú ya eres completo. Cualquier cosa que creas conseguir, será solo un reflejo… un espejismo.
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Filosofada Dominguera - Necesidades
Hay momentos en los que sentimos que necesitamos algo importante con urgencia: Atención, amor, dinero, reconocimiento, validación, respuestas, seguridad, resultados, felicidad… Y sí… esas necesidades parecen reales, auténticas, justificadas. Y sí… están ahí, gritando, empujando, moviéndote, removiéndote. Pero ¿quién las necesita?, ¿quién busca todo eso?, ¿de dónde surge esa búsqueda? Es el personaje que hemos creado el que busca, desde una identidad construida de alguien que siempre necesita algo que no tiene. Algo que está más allá, en otro lugar, en otro momento, con otra persona. La búsqueda de eso que me falta, desde ese “yo” que se cree separado, escaso, incompleto, nunca cesa. La búsqueda crea al buscador. El buscador nunca puede encontrar lo que busca porque si lo encontrara desaparecería la búsqueda, y con ella el buscador. El buscador es insaciable. Y realmente busca algo que nunca le ha faltado porque nunca nada se ha perdido. La mirada advaita nos invita a observar la necesidad desde la consciencia no dual: lo que “yo creo necesitar” pertenece al personaje que se identifica con el buscador, no al Ser. El Ser no necesita. El Ser experimenta. El Ser es Presencia. No busca fuera lo que sabe que ya es. Cada vez que algo “me falta”, es la oportunidad perfecta para ver quién soy cuando no lo tengo. Y ahí, en ese espacio incómodo, es donde ocurre el desap-ego (desaparece el ego) y el despertar. Pero ¿cómo se desactiva la necesidad sin ignorarla? No negando la emoción… sino preguntando quién siente esa emoción. No apagando la urgencia… sino reconociendo de dónde surge la urgencia. No acumulando herramientas… sino soltando la identificación con quien cree necesitar ayuda para solucionar algo. -------------------------------------------------------------------------------------------- Aquí tienes 3 claves para disolver la ilusión de necesidad: -------------------------------------------------------------------------------------------- 1. Reconoce la Verdad
Filosofada Dominguera - Cómo Reactivar tu Poder Creador
Esta semana me di cuenta de algo incómodo. No estaba estresada porque tuviera demasiado que hacer. Estaba estresada porque estaba absorbiendo las prisas ajenas. La urgencia del mundo. La inmediatez de las redes. El “dame más” de los algoritmos. El “deberías estar en otro punto” que se cuela incluso en las conversaciones más conscientes. Y sin darme cuenta, me vi corriendo… pero sin saber exactamente hacia dónde ni detrás de qué. 👉 Corriendo sin presencia. 👉 Produciendo sin pausa. 👉 Planificando sin conexión. Y claro, ahí no hay magia. Ahí no hay autenticidad. Ahí no hay creatividad real… solo producción vacía. Crear requiere espacio y tiempo. Espacio mental, emocional, físico, energético. Tiempo para aburrirse, para sentir, para no hacer. Para escuchar lo que quiere nacer en lugar de empujar lo que “debería” salir. ¿Cuántas veces has sentido culpa por no ir al ritmo esperado? ¿Y si el problema no es tu ritmo… sino que estás tratando de bailar una música que no elegiste? Si sientes bloqueo o saturación, es tu señal para parar. Para silenciar la urgencia que no es tuya. Para recordarte que tu alma no tiene prisa, y que tu creatividad necesita espacio y tiempo… no presión. Si te has desconectado de tu propio ritmo creativo, te comparto 3 claves para reactivar tu poder creador: 1. Filtra la urgencia: Cada vez que sientas presión, pregúntate: ¿Esta prisa es mía o me la estoy tragando de fuera? 2. Agenda lo invisible: Bloquea tiempo para no hacer nada útil. Vaciar también es estrategia. Respirar también es avance. 3. Define tu verdadero ritmo: Hay un tempo que es solo tuyo. Descúbrelo y protégelo como tu activo más valios Hoy, en vez de hacer más, date el lujo de crear espacio. Porque lo verdaderamente importante no nace en la urgencia. Nace en el silencio fértil del presente. Experiméntalo.
Filosofada Dominguera - Destilar Prioridades
Cuando el cuerpo te para quizás es porque tú no te estás priorizando. Esta semana estuve enferma. Y ya van 2 veces en 2 meses. Y aunque mi mente quería seguir con la actividad… el cuerpo dijo: “Hasta aquí.” No fue casualidad. Fue causalidad. O consecuencia. Ley de causa-efecto. El estrés de la mente se acumula en el cuerpo. Y si no lo liberas, lo debilita. A veces no es lo que haces lo que te agota. Es lo que cargas. Las expectativas que no te corresponden. Las responsabilidades que asumes sin darte cuenta. El peso de creer que puedes con todo… Nos llenamos de tareas, de deberes, de listas interminables… Nos sometemos a nuestras propias metas insostenibles… Y se nos olvida lo esencial: No se trata de hacer más para tener más. Se trata de ser y estar mejor. Pero claro, para eso hay que parar. Y a veces no paramos hasta que el cuerpo dice basta. Y ahí, en esa pausa forzada, entendí algo: El cansancio no solo es físico. A veces es mental. O emocional. O energético. A veces es el alma diciendo “no es por ahí, o no es así, o no así…” Y me hice esta pregunta: ¿Qué estoy sosteniendo que no es mío? ¿O, al menos, solo mío? Así que, si últimamente te sientes desbordada, dispersa, desgastada, debilitada, agotada sin razón aparente… y enfermas con relativa frecuencia... Quizás no necesitas más energía. Quizás solo necesitas menos peso. Quizás necesitas escucharte… y atreverte a elegir(te). Aquí te dejo 3 claves sencillas para destilar lo verdaderamente importante y aligerar tu mochila de forma sencilla y poderosa, que yo misma estoy aplicando: ------------------------------------------------------------ 1. Haz una lista de “lo que no es tuyo” ------------------------------------------------------------ Y empieza a devolver cargas: expectativas, demandas externas, deberías heredados. Pregúntate: ¿Esto lo hago por mí… o por miedo a fallar a alguien más? ----------------------------------------------------------------- 2. Aplica la regla del “menos pero mejor”
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