🤒Cuando el cuerpo ya va pasado de vueltas, esto lo jode más... por Pablo Delgado
¿En épocas de estrés alto hago ayuno?
Yo no lo metería de primeras.
No porque el ayuno sea el demonio con patas.
Sino porque cuando una persona va con el estrés por las nubes,
duerme como el culo, vive acelerada y llega a las comidas con más ansiedad que hambre,
el cuerpo no está para más experimentos.
Está para que no le den otra hostia.
Cuando hay mucho estrés, el cuerpo no va en modo zen.
Va en modo alarma antiincendios a las 3 de la mañana.
Y ahí el cortisol se pone a currar de más.
¿Qué pasa entonces?
Que cuesta más regular el hambre.
Apetece más comida potente.
Más fácil.
Más rápida.
Más de “dame algo ya o muerdo una silla”.
Y si encima duermes mal, ya ni te cuento.
Ahí el cuerpo entra en ese punto maravilloso en el que tiene hambre,
sueño, mala leche y cero ganas de negociar.
Una mezcla finísima.
Como meter un gremlin en una freidora.
Y justo en ese panorama aparece la idea brillante:“voy a hacer ayuno”.
Ya.
Como si el cuerpo estuviera ardiendo y la solución fuera abanicarlo con un cartón.
Porque si ya vienes con el sistema nervioso haciendo breakdance, el hambre desordenada
y el descanso hecho unos zorros,
meter además una ventana rígida de horas sin comer
puede hacer que llegues a la comida con más ansiedad que criterio.
Y ahí no se decide bien.
Ahí se arrasa.
Con la misma elegancia que un jabalí entrando en un buffet.
Además, el cortisol aquí importa.
Porque cuando ya vas estresado de serie,
el cuerpo está más en modo supervivencia que en modo
“vamos a afinar hábitos”.
Y si encima añades más tensión, más control, más restricción
y más ratos aguantando con café
y fe, muchas veces no mejoras el terreno: lo aprietas más.
Y para rematar, el ayuno intermitente tampoco ha demostrado ser la octava maravilla frente a una estrategia normal bien hecha.
O sea, que no solo puede encajar regular en una etapa de estrés alto…es que tampoco hay magia esperándote al otro lado con una banda de música.
Por eso, en una época así,
yo haría justo lo contrario de complicarlo más.
Primero pondría orden.
Comidas más regulares.
Proteína suficiente.
Fibra.
Horarios medio decentes.
Menos ir tirando con café como si eso fuera nutrición.
Menos aguantar hasta llegar con hambre de lobo abandonado en la nieve.
Y sobre todo, bajarle un poco el volumen al incendio antes de ponerse a jugar al “voy a restringir horas”.
Luego, cuando todo esté más estable,
si a alguien le encaja una ventana sencilla
y le ayuda a organizarse sin volverse loco, perfecto.
Pero por comodidad.
No porque tenga superpoderes.
Ni porque el cuerpo, en pleno caos, esté pidiendo más dificultad
como si esto fuera un videojuego en nivel experto.
Gran día,
Pablo
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Pablo Delgado
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🤒Cuando el cuerpo ya va pasado de vueltas, esto lo jode más... por Pablo Delgado
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