No quería esforzarme más. Quería una forma más inteligente.
Muchos crecimos con la idea de que trabajar duro es la respuesta a todo. Trabaje más. Esfuércese más. Aguante más. Esa mentalidad nos acompaña hasta la adultez, y he descubierto que puede convertirse en un gran obstáculo. Trabajar duro es valioso. Pero trabajar duro sin gozo, alineación ni apalancamiento termina quitando más de lo que aporta. Lo que lo cambió todo para mí fue cambiar la pregunta. No “¿cómo trabajo más?” Sino “¿cómo puede mi trabajo darme gozo, como el juego de un niño?” Cuando el trabajo se siente creativo, significativo y con propósito, deja de drenar la vida, y empieza a devolverla. Ahí fue cuando comencé a despertar cada día con ilusión. 👉♿ ¿Esto le resuena? ¿Qué cambiaría si su trabajo apoyara su gozo en lugar de consumirlo?