Tomás, al final de la Mentoría del 1 de abril, mencionaste maestros y personajes que cambiaron la historia del mundo, de cómo ellos tenían un entendimiento de nuestras facultades humanas, de cómo funciona nuestra realidad y también aludiste a personas que no conocemos que han cambiado el rumbo del mundo. Aquí es donde, para mí, lo aprendido toma especial relevancia. Estas prácticas de germinación, que incluyen el Agua, esa agua pura, natural, estructurada, que fluye llena de información, contenedora del código de la vida, resultan por sí mismas la clave de la grandeza. Porque si bien estos personajes, grandes referentes, nos inspiran y nos recuerdan las leyes de nuestra naturaleza, es en nosotros en quien reside la mayor luz de todas. Porque nuestra misión al encarnar es principalmente, ser nosotros mismos, expresar esa grandeza única, auténtica y genuina, masterizar nuestro potencial, vivir esa identidad o identidades que vamos labrando y dibujando. Esa se convierte en nuestra mayor contribución al mundo, permitir que se revele lo divino que reside en nuestro interior. Al igual que una semilla, permitir que despierte la Vida en toda su magnitud, y qué mejor que el Agua, la que siempre ha sido, para conectar con la Luz, con lo extraordinario de la grandeza del espíritu. Todo lo que se necesita de nosotros es permitir que suceda, es Ser y vivir siendo. Gracias Tomás por tu entusiasmo y persistencia en transmitir y crear instancias para compartirnos.💧