@Angela Pl gracias por tu texto...me hizo mucho sentido. Antes (la que era yo antes), nunca hubiera visto y menos entendido, que todos esos capítulos dolorosos tenían un fín superior. No había tiempo, ni era el momento para detenerme a buscar un propósito! Durante un período por ejemplo, entraba y salía de iglesias para "pedir", siempre pidiéndole a la Virgencita porque de niña tuve formación Mariana. Y aunque al pasar del tiempo, algunas cosas "no salieron tan mal cómo se temía!...se venían una tras otra, una tras otra y a veces sentía demasiado peso y que ya era demasiado para soportar. Recuerdo en especial un día (hace varios años ya), alguien me dijo: "reclámale a dios"...reclámale!! Para mí era una instrucción algo extrema y además...nunca me acomodó esa imagen impuesta en mi cerebro por la educación que tuve. Un dios castigador al que temer o la idea de un infierno y demás, nunca me hicieron sentido. Por eso me cobijaba más en la imagen de una Madre que sí pudiera sostenerme y acurrucarme. Sin embargo... ocurrió un día en que ya tan cansada física y mentalmente, completamente sobrepasada por las circunstancias, que casi como un pataleo...en plena calle miré hacia arriba y descargué mi frustración, pena y demás en un grito que me salió del alma: "qué más quieres de mí?" Instintivamente fue ponerme de rodillas ante un algo muy superior a las circunstancias y a mí. Y sólo hoy lo entiendo...fue la única manera de reconocer la existencia de algo que yo no sabía, pero estaba allí. "Le estaba pidiendo o rogando o reclamando a algo que yo no había visto y en lo que se supone no creía!" Las cosas efectivamente no cambiaron cómo yo pedía o a la velocidad que yo necesitaba...pero... seguía viva y de pie a pesar de todo, pero lo más trascendente fue que yo... comencé a cambiar! Me entregué de pronto a la incertidumbre. No tenía las respuestas a todo, no debía tener el control de todo, no tenía tampoco que creerme capaz de todo...sola.