La poesía no consiste en esconder el significado para que el lector se sienta incapaz de alcanzarlo. Consiste en crear una experiencia. A veces esa experiencia es inmediata (como una canción que emociona desde el primer verso). Otras veces se va revelando poco a poco (como un cuadro que descubres después de observarlo durante mucho tiempo). Cuando un poema es deliberadamente enrevesado solo para parecer inteligente, suele perder algo esencial: la capacidad de conmover. En cambio, cuando la complejidad nace de una emoción auténtica, el lector percibe que cada dificultad tiene un propósito. Si tuviera que resumir mi visión en un verso, sería este: No escribas para que te admiren por no entenderte; escribe para que, quien te entienda, no pueda olvidarte. Creó que la mejor poesía no es la que obliga al lector a resolver un acertijo. Es la que consigue que, después de leerla, el mundo parezca ligeramente distinto. Y eso puede lograrse con el lenguaje más sencillo o con el más complejo. Para mí la dificultad nunca es el objetivo; sino la emoción, la belleza y la verdad poética.