EL HOMBRE QUE SE LLAMABA “NADIEMEQUIERE”
Como no me conocéis, dejadme que me presente para que podáis comprender la profundidad de la historia que hoy os vengo a contar. Soy un hombre más que experimentado con la vida, amante de mis silencios, y que he preferido la compañía de peces y animales, antes que las de otros seres humanos, harto de compartir lo más valioso que tengo, que es mi tiempo con otros seres humanos que vibran en una energía tan baja, que decidí elegir mi presencia antes que el ruido absurdo de otras mentes, que no me aportan nada. Ahora elijo la frecuencia a la que me sintonizo, así que, desde hace ya algunos años, vivo en una recóndita playa de la costa de la muerte en Galicia, donde tan solo me relaciono, con gaviotas, correlimos, cormoranes, cangrejos y algún que otro congrio que en tiempos de marea alta vienen a saludarme mientras recojo percebes y mejillones entre el salpicar de las olas contra las rocas. Mi historia comienza una mañana fría del mes de febrero después de un fuerte temporal. Creo recordar fue un viernes y 13. Como hago todos los días, no importa el tiempo que haga, salí a dar un largo paseo por mi playa. Es una playa flanqueada por una impresionante duna. Los gritos de una bandada de gaviotas me alertaron enseguida y mis amigos los correlimos correteaban a mi encuentro para avisarme de que algo pasaba en mitad de la playa. Tan solo se veía la espuma del mar que chocaba contra algo que apenas se veía por la densa bruma que siempre corona mi playa al amanecer, y que le dota de ese halo mágico donde mar y cielo se funden con las primeras luces de la mañana. Las bandadas de gaviotas se afanaban en su griterío para que me percatara de que algo había varado en la playa aquel imponente amanecer. Si¡ ahora lo recuerdo bien¡, fue un 13 de febrero de 2026, el día anterior a los enamorados. Creo mucho en la numerología y aquel día tenía como misión el número 7, cuyo numero porta la información que ese día traía como misión un crecimiento personal. Además, el 13, numero considerado como de mal augurio, que en realidad es un número que trae grandes cambios, y su posición indica que iban a ser grandes cambios para el alma. El mes de febrero trae la energía del 2, en el que la mente se tiene que parar, y ese parón debe ser con relación a los demás para poder observar. Como Regado divino el 8, la sanación y en destino el 10, la comprensión de que en todo lo que sucede, hay belleza oculta. A todas luces aquel día seria apasionante para todos.