¿Sabes por qué he elegido la apofilita esta semana? Porque llevamos toda la semana hablando de cómo nos pasamos la vida mirando el regalo de los demás. Y mientras tanto... el nuestro lleva años guardado en un arcón.😉 Sí, sí... Ese que está al fondo del trastero. Detrás de las maletas. Del árbol de Navidad. Y de esa caja que no sabes ni qué guarda porque hace tanto tiempo que no la abres que cualquier día sale un dinosaurio y te pregunta si ya has terminado de ordenar.😜 Pues con nosotras pasa exactamente igual. Vamos guardando ahí dentro nuestros talentos. Nuestra fuerza. Todo lo que hemos conseguido. Todo lo que hemos aprendido. Y también nuestros miedos, nuestras creencias y esos patrones que aparecen una y otra vez con distinto disfraz. Hasta que un día dejamos de abrir ese arcón. Y no porque no queramos. Sino porque se nos olvida que existe. Y ahí es donde entra la apofilita. Lo primero que hace no es decirte lo maravillosa que eres. Eso ya lo veremos después. Lo primero que hace es encender la luz. Porque si no ves el arcón... es imposible abrirlo. Y cuando por fin lo encuentras, hace otra cosa que me encanta. Su forma de pirámide parece decirte: "Tranquila, que yo te sujeto un poco mientras abres esto."🙄 Porque abrir ese arcón da respeto. Nunca sabes qué te vas a encontrar. Y sí... hay miedos. Hay creencias. Hay historias que ya va siendo hora de mandar a jubilar. Pero también están todas esas partes de ti que llevabas tanto tiempo sin mirar que casi habías olvidado que seguían ahí. Y como, además, la apofilita tiene una energía muy conectada con el agua... te ayuda a hacer algo igual de importante. No quedarte atrapada en todo lo que has encontrado. Te ayuda a soltar. A liberar. A gestionar todo aquello que ya no necesitas seguir cargando.❤️ ¿Y sabes cuándo saco yo la apofilita del cajón? Cuando llevo días dándole vueltas a lo mismo y sé que la respuesta está delante de mis narices... pero mi cabeza ha decidido hacerse la despistada.🤷♀️ Cuando tropiezo por cuarta vez con la misma piedra y empiezo a sospechar que, igual, la piedra no tiene toda la culpa.