Viernes 22 de de mayo (fragilidad y desapego)
Soberanos🩵 Hoy escribo desde un lugar de absoluta crudeza. Hoy el azul turquesa de nuestro quinto centro, el chakra de la garganta, me pide que abra el canal para mostrarles mi humanidad más vulnerable. Hoy el acto de comunicación no es de poder, es de rendición. Como muchos ya se han dado cuenta, he estado ausente en nuestras meditaciones. Estoy en un lugar profundamente remoto. No hay red eléctrica y el internet ha estado fallando y en el hostal vecino no encienden el router hasta después de las 8 de la mañana. He tenido que caminar hasta encontrar un pequeño punto donde entran los datos celulares, y desde aquí, con esta señal intermitente que no da para sostener una videollamada, les escribo esto. Siento una incomodidad enorme por no poder cumplirles con mi presencia en vivo. Pero aquí entra la Ley del Desapego. He tenido que sostener esa incomodidad. Entender que las cosas no siempre salen como el ego quiere, y que aceptar el caos del momento también es sostener la estructura. Nombrarlo y expresarlo aquí, de manera clara, me libera. Pero la falta de internet es solo el escenario. El verdadero motivo por el que necesito expandir mi garganta hoy es porque me atraviesa un dolor insoportable. Pocos minutos antes de empezar a escribirles este mensaje, recibí una noticia devastadora. El hermano de un amigo entrañable, un amigo del alma, fue asesinado y su cuerpo fue incinerado. Al escuchar la noticia, me quebré por completo. No he parado de llorar. Otros amigos me han escrito para a decirme que debemos ser fuertes, que debemos "darle fortaleza" a nuestro amigo. Y les digo desde mi absoluta verdad: Yo no soy capaz de darle fortaleza. No quiero hacerlo. Me está doliendo tanto como a él. No le puedo ofrecer un pilar inamovible de falsa entereza; lo único que puedo ofrecerle es sentir este desgarro con él y decirle que no está solo en este infierno. A veces, acompañar no es levantar al otro, es sentarse a sangrar a su lado. Soy un hombre profundamente sensible. Siento demasiado. Y hoy reconozco, con el corazón en la mano, que la escritura me ha salvado la vida. Si yo no me hubiera permitido vulnerabilizarme, si en mis momentos más oscuros no hubiera plasmado todo mi dolor en letras, estoy seguro de que me hubiera suicidado. A eso vine hoy: a descargar este dolor inmenso con ustedes.