Triglicéridos, HDL y el error que casi nadie te explica cuando miras una analítica
La mayoría de personas hacen siempre lo mismo cuando reciben una analítica. Van directos a una cifra: el colesterol total. Si sale alto → miedo. Si sale “normal” → alivio. Y asunto zanjado. El problema es que ahí fuera hay miles de personas con colesterol “normal” y un riesgo cardiovascular altísimo… y otras con colesterol alto que, metabólicamente, están mucho mejor de lo que creen. La diferencia no está donde nos han enseñado a mirar. Y casi nadie te lo explica. Si tienes una analítica reciente, haz algo muy sencillo. Ahora mismo. Busca dos números: tus triglicéridos y tu HDL. Nada más. Ahora divide: Triglicéridos entre HDL. Ese número —tan simple— dice mucho más sobre tu salud metabólica que el colesterol total por sí solo. Mucho más. Para que te sitúes rápido: Si ese ratio está por debajo de 1, estás en una zona excelente. Entre 1 y 2, bien. Entre 2 y 3, empieza a haber señales de riesgo metabólico. Por encima de 3, el riesgo cardiovascular ya no es teórico. ¿Por qué importa tanto esta relación? Porque se correlaciona con cosas muy serias: resistencia a la insulina, inflamación crónica, el tipo real de partículas de colesterol que circulan por tu sangre… y el riesgo de que esas partículas acaben donde no deben. Y aquí viene una de las grandes confusiones. No todo el colesterol LDL es igual. Cuando los triglicéridos están altos, el LDL suele ser pequeño, denso, inestable, fácil de oxidar. Ese sí es el LDL que se cuela en la pared arterial y da problemas. Cuando los triglicéridos están bajos y el HDL es alto, el LDL suele ser grande, flotante, estable. Mucho menos dañino, aunque el número total salga elevado. Y aquí mucha gente se equivoca. Creemos que “grande” es peor. En el colesterol, suele ser justo al revés. Entonces… ¿por qué todo el foco sigue puesto solo en el LDL? Porque el LDL se puede bajar fácilmente con una pastilla. Los triglicéridos no. Los triglicéridos dependen, sobre todo, de cómo gestionas tu metabolismo día a día: exceso de azúcar y harinas, alcohol, sedentarismo, mal descanso, poca masa muscular.