Hoy viendo a mi hija jugar, me resuena la idea, de que los niños no viven atrapados en la necesidad de controlar la realidad. Los niños, no se cuestionan tanto las cosas, se dedican a vivir la experiencia, es cierto, que conforme maduran, tienen más "inseguridades", ¡qué curioso!, ¿no? Se puede decir, que los niños aún no han desarrollado una importancia excesiva sobre sí mismos, ni sobre los resultados, ellos más bien fluyen. Todavía no están fusionados con sus pensamientos, Podríamos decir, tal como menciona Saja Fendel; que "no se han separado tanto de la vida mediante la mente". Porque, el sufrimiento del adulto no suele venir de la experiencia. Suele venir de la "resistencia" a la experiencia. Por ejemplo, mi hija se caen al suelo jugando, llora un poco, si el golpe es fuerte o se ha asustado mucho, jeje, pero a los 5 minutos, sigue jugando (No se ancla en el sufrimiento). Sin embargo, nosotros, como adultos, nos caemos, y comienza el torrente de pensamiento, "siempre me pasa lo mismo", ¿por qué me pasa a mí?, ", soy muy torpe", etc. Cuando digo, que debemos ser niños, no que volvamos a ser ingenuos, sino que literalmente vivamos la vida. Lo potente aquí, es que el niño suele tener una identidad cambiante, pero no con el objetivo de buscar quién quiere ser. Esa rigidez de los adultos de aferrarnos a nuestra identidad pasada, que no nos sirve, que ya no te da felicidad, esa falta de flexibilidad, es el fallo. La identidad "adecuada", surgirá de "acciones conscientes", de la repetición. No solo de "pensarlo". ¡Juguemos! ¡Un abrazo a todos!