Lo que reprimes no es lo que haces. Es lo que te permites querer hacer.
Casi todo el mundo confunde dos cosas distintas: reconocer honestamente lo que te gustaría hacer y hacerlo. Y como las confunde, reprime las dos a la vez. Deja de hacerlo. Y también deja de reconocerlo.
En el nuevo post del blog te cuento por qué apagar el deseo apaga a la persona entera, y qué pasa cuando llevas años sin escuchar lo que de verdad quieres porque parte de eso te resulta incómodo.