Hay una calma que descansa de lo que no controlas — los resultados que no han llegado, las respuestas que no has recibido, los exámenes que aún no han corregido — y esa calma te devuelve energía para lo que sí depende de ti. Es la calma útil.
Y hay otra calma que descansa de lo que sí depende de ti. La conversación que no has tenido. La tarea que no has terminado. La decisión que sigues postergando. Y esa calma no tiene que ver con la paz interior.
Acabo de publicar el vigésimo post en el blog. Va sobre las dos calmas, sobre el catálogo de frases con las que disfrazamos la pereza, y sobre cómo distinguirlas.