Después de un proceso de trauma o ansiedad, muchas personas sienten algo inesperado:
miedo a sentirse bien.
Porque durante tanto tiempo, el sistema nervioso asoció la calma o la alegría con vulnerabilidad.
Pero hoy vamos a reeducar esa respuesta.
Ejercicio simple:
Cierra los ojos y recuerda un momento en el que te sentiste genuinamente feliz o en paz.
No importa cuán pequeño sea: una risa, una mirada, un amanecer.
Siente esa emoción en tu cuerpo.
¿Dónde vibra? ¿Cómo se mueve?
Dile a tu mente: “Es seguro sentir alegría.”
Respira profundo y deja que esa sensación se expanda por todo tu cuerpo.
Cada vez que repites este ejercicio, tu subconsciente aprende que la alegría también es un lugar seguro.
¿Qué pequeño instante de alegría podrías permitirte sentir hoy sin miedo?
Compártelo abajo 👇 y da permiso a tu cuerpo para volver a disfrutar de estar vivo.