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Luis, completamente desalentado, se reúne con su amiga Patricia, en una cafetería.
Deprimido, descargó en ella todas sus angustias: que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su vocación, etc.
Todo parecía estar mal en su vida, pero...
Patricia introdujo la mano en su cartera, sacó un billete de 100 dólares y le dijo:
—¿Quieres este billete?.
Luis un poco confundido al principio, le contestó:
—Claro Patricia, son 100 dólares, ¿Quién no los querría?
Entonces, Patricia tomó el billete en uno de sus dos puños y arrugó el billete hasta hacerlo una pequeña bola, mostrándosela a Luis, volvió a preguntarle:
—Y ahora, ¿Lo quieres también?
—Patricia, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 100 dólares, claro que lo aceptaré si me lo das.
Luego, Patricia desdobló el billete, lo tiró al suelo y lo restregó con el pie, levantándolo sucio y marcado.
—¿Lo sigues queriendo?
—Mira Patricia, sigo sin entender a dónde vas, pero es un billete de 100 dólares y mientras no lo rompas, conserva su valor...
—Luis, debes saber que, aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o pisotee, sigues siendo tan valioso como siempre lo has sido. Lo que debes preguntarte es cuánto vales en realidad y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado.
Luis se quedó mirando a Patricia sin decir ninguna palabra, mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su mente.
Patricia puso el billete a un lado de la mesa y le dijo:
—Toma, guardálo, para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal.
Ella se despidió y se retiró.
Luis volvió a mirar el billete, sonrió, lo guardó y con una energía renovada llamó al camarero para pagar la cuenta...