El amor verdadero no negocia.
No hace acuerdos silenciosos.
No entrega esperando una devolución futura.
Cuando el amor se vuelve transacción, deja de ser amor y se convierte en miedo vestido de ternura.
Miedo a perder.
Miedo a no ser elegido.
Miedo a no ser suficiente.
Muchos creen que aman, pero en realidad están esperando.
Esperando que el otro cambie.
Esperando que el otro sane.
Esperando que el otro devuelva lo que sienten que dieron de más.
El amor real no exige garantías.
No pide pruebas constantes.
No amenaza con retirarse si no recibe.
El amor genuino da porque es su naturaleza.
Así como el sol no pregunta a quién ilumina,
el amor no pregunta si será recompensado.
Cuando amás sin negociar, algo se libera dentro tuyo.
Dejás de apretar.
Dejás de controlar.
Dejás de vivir en tensión.
Y ahí aparece la paz.