Bueeenas tardes, querido grupo. Lo de ayer amerita que me exprese... La vida que mueve a las estrellas, la inteligencia que sostiene el universo, la fuerza invisible que hace que estemos en el lugar adecuado y en el momento adecuado, me mostró algo que hace días venía viendo por partes. Me enraizo. Me enraizo y paso a ser como un árbol, como el árbol de la vida. La Tierra me sostiene... Y nuestras raíces se conjuncionan por debajo de la tierra. Es ese nuestro fundamento. Esta unión común, está comunión... este tejido que vamos creando entre todos los presentes... Ese tejido vivo como micorriza que nos alimenta a todos. Cada uno de nosotros es una expresión única de la divinidad manifestándose en distintos niveles. Raíces profundas en lo oculto (lo inconsciente, lo ancestral) Un tronco que canaliza (nuestro eje, nuestra voluntad) Y ramas que se expanden hacia la luz (nuestras acciones, nuestras decisiones, nuestra forma de amar). Y lo más hermoso es que no hay árbol aislado. Todos compartimos la misma tierra… el mismo origen… la misma fuente. Un árbol no fuerza su crecimiento. No compite. No se compara. Simplemente sigue el flujo. Y si el viento sopla… no resiste, danza. Entonces empiezo a comprender… Que enraizar no es quedarse quieto, es confiar. Que crecer no es esforzarse hasta romperse, es permitir que todo fluya. Que expandirse no es imponerse, es expresarse. Hoy nos miro… y no nos siento individuos separados. Percibo la energía de un bosque. Un bosque consciente. Un entramado perfecto donde cada uno ocupa un lugar exacto, aunque todavía no lo entienda del todo. Tal vez, la paz que buscamos no está en llegar a ningún lado, sino en recordar que siempre estuvimos conectados. Como raíces. Como troncos. Como vida que asciende y se expande. Como un solo árbol… respirando a través de muchos cuerpos. 🌳