La asertividad es una herramienta increíblemente útil que podemos desarrollar en contextos muy distintos: en el trabajo, en la familia o en nuestras relaciones personales. Wolpe (1958) formuló su definición: "La conducta asertiva es la expresión adecuada socialmente aceptable dirigida hacia otra persona, de cualquier emoción que no sea la respuesta de ansiedad"
Para ello, suele ser importante suscitar primero la empatía del otro. Invitarle a considerar nuestra perspectiva. Una técnica que resulta interesante es "Ponte en mi lugar", donde estimulamos tanto la empatía emocional como la cognitiva.
Por supuesto, este paso requiere algo previo, identificar con claridad qué estamos sintiendo. Si no reconocemos nuestro propio estado interno, difícilmente podremos comunicarlo con precisión.
En contextos profesionales, donde son frecuentes los desacuerdos, la asertividad requiere además un componente estratégico. Debemos saber explicitar los motivos y potenciales beneficios de alcanzarse el mismo acuerdo.