A veces uno se acostumbra tanto a correr, cumplir, producir, resolver… que termina creyendo que eso es vivir. Y no. También vinimos a sentir el sol en la cara, a caminar sin prisa, a escuchar el agua, a ensuciarnos los pies con tierra, a quedarnos un rato en silencio sin tener que “hacer” nada. Porque cuando bajas el ruido de afuera, empiezas a escuchar cosas tuyas que llevaban mucho tiempo esperando atención. Para mí, volver a la naturaleza siempre ha sido eso: recordar que no tengo que demostrar nada para pertenecer aquí. Ya pertenezco. Y a veces, entre árboles, agua, montaña y silencio… uno vuelve a encontrarse. Recuerda: lo único que trasciende el tiempo es tu alma. Pasa más tiempo cuidándola, alimentándola y escuchándola. Todo lo demás, tarde o temprano, se queda aquí. Aho. 🌿