Había un Pelícano experimentado que admiraba el vuelo de una Gaviota talentosa. Ella tenía unas alas perfectas, un don natural para las acrobacias, pero perdía mucho tiempo buscando comida en la basura de la playa.
"Si no tuviera que buscar basura, podría conquistar el cielo", pensó el Pelícano.
Así que decidió pescar para ella. Cada mañana, le dejaba los mejores peces frescos en su roca.
"Come, y usa tu energía solo para volar alto", le decía.
Al principio, la Gaviota voló agradecida. Pero a la semana, el Pelícano notó algo extraño:
la Gaviota ya no volaba.
El Pelícano, dolido, le recriminó: "¡Te doy todo para que triunfes y no haces nada!"
La Gaviota le miró con indiferencia y bostezó: "¿Por qué voy a esforzarme en volar si la recompensa ya la tengo aquí abajo?"
El Pelícano entendió tarde la lección: Al eliminar el hambre, también eliminó el motivo para alzar el vuelo.
Moraleja para emprendedores:
Cuando regalas tu ayuda, robas al otro la necesidad de luchar por su propio éxito.
Quien no paga (con dinero, esfuerzo o tiempo), no presta atención.
No puedes querer el éxito de terceros más que ellos mismos.
Esta mañana me planteo:
¿Te has dado cuenta de que quien no arriesga nada, tampoco valora nada?
¿Estás siendo generoso o estás siendo cómplice de la mediocridad ajena?
¿Qué resultados obtienes con quienes te pagan vs. quienes reciben tu ayuda gratis?
Salu2