Durante años nos enseñaron a trabajar así (esto aplica a todo el que vende un servicio):
El paciente llega con miedo, desconfianza y excusas.
Nosotros explicamos, insistimos, empujamos el tratamiento o la venta.
Resultado👇
El paciente “lo piensa”, compara precios… y desaparece.
No se fue por el precio.
No se fue por el tratamiento.
Se fue porque se sintió perseguido.
Las clínicas que hoy crecen no persiguen pacientes.
Cambian el rol: dejan de ser el gato y se convierten en guía.
👉 Pregunta para la comunidad:
¿En qué momento crees que el dentista o el que vende un servicio se convierte en “gato” sin darse cuenta?
¿En el diagnóstico o primer contacto? ¿En el presupuesto? ¿En el seguimiento?
Te leo en comentarios 👇🔥