Terminas algo...
y ya estás pensando en lo siguiente.
Consigues una meta...
y en lugar de disfrutarla, te exiges más.
Recibes reconocimiento...
pero una parte de ti siente que aún falta algo.
Vivir así es agotador.
Porque no importa cuánto logres.
Si dentro de ti existe la sensación de no ser suficiente, ningún resultado será capaz de llenarla.
Entonces trabajas más. Te esfuerzas más. Intentas demostrar más.
Y aun así...
la sensación sigue ahí.
La verdadera pregunta no es cuánto te falta conseguir.
La verdadera pregunta es:
¿Quién te hizo creer que tenías que demostrar constantemente tu valor?
Porque cuando aprendes a reconocerte, dejas de vivir persiguiendo aprobación.