A veces los mayores piensan que ser respetuosos es dejarme hacer todo.
Pero no es eso lo que yo siento.
Cuando no me dices nada, cuando miras al móvil mientras yo me pierdo por dentro, cuando todo vale…yo no me siento libre.
Me siento un poco sola.
Y confundida.
Porque yo todavía estoy aprendiendo cómo funciona el mundo.
Y necesito que alguien lo sostenga mientras lo descubro.
A veces lloro fuerte.
O grito.
O digo “no” con todo mi cuerpo.
Y entonces algunos adultos piensan:
“Si pongo límites, dejo de ser respetuoso”.
Pero yo, desde aquí abajo, lo veo distinto.
Ser respetuoso no es dejarme mandar.
Es mirarme a los ojos cuando me equivoco .
Es decirme con calma:
“Esto no se hace… y estoy contigo mientras lo aprendemos”.
Cuando hay límites claros, mi cabeza descansa.Cuando sabes lo que esperas de mí, yo me siento segura.
No necesito ganar.
Necesito saber que tú puedes sostener la situación incluso cuando yo no puedo sostenerme a mí misma.
El respeto no es miedo.
Tampoco es permisividad.
Es presencia.
Es coherencia.
Es un adulto que no se pierde cuando yo me desbordo.
A mí no me tranquiliza que todo esté permitido .
Me tranquiliza saber que tú estás ahí… incluso cuando digo que no.
💬 Si esto te ha tocado, cuéntame en comentarios:¿qué límite te cuesta más sostener sin sentirte culpable?