Si una serpiente te muerde, no sales corriendo detrás de ella para preguntarle por qué lo hizo, ni intentas entender su historia, ni su dolor. Te ocupas de la herida. Buscas ayuda. Te cuidas. Sabes que, si no lo haces, el veneno sigue actuando.
Sin embargo, cuando una persona nos hiere, muchas veces hacemos lo contrario: nos olvidamos de la herida y nos quedamos persiguiendo explicaciones. Intentamos comprender al otro, justificar su comportamiento, entrar en su mundo… mientras el dolor sigue dentro.
Cuidarte no es ser egoísta. Es ser responsable contigo. Sanar no empieza entendiendo al otro, empieza escuchándote a ti.
Preguntas para ti:
- ¿En qué situaciones sigues persiguiendo a la “serpiente” en lugar de atender tu herida?
- ¿Qué parte de ti necesita cuidado ahora mismo?
- ¿Qué cambiaría si pusieras tu energía primero en ti?