Me acaba de llegar una imagen: Dios nos crea a su imagen y semejanza, desde el amor. Es como si nos dijera: «Todo el amor es para ti. También la bondad, la abundancia, la plenitud, la dulzura y la compasión. Todo eso está a tu alcance». Pero imagino que, antes de llegar a la Tierra, atravesamos otras dimensiones. En una de ellas aparece una parte oscura, a la que en esta imagen llamo el demonio. También nos habla y nos invita: «Puedes pasártelo bien de esta forma, o de esta otra». Nos presenta otros caminos hacia el placer, la lujuria y la experiencia. Siento que, al descender, recibimos información de esas distintas dimensiones. Quizá influye en ello lo que habíamos «pactado» antes de venir, aunque la palabra pacto tampoco termina de encajarme. Si somos uno con Dios, y Dios es uno con nosotros, no siento que Él nos imponga un pacto. Siento que quiere que bajemos a experimentar el amor y todo lo bueno que nace de él. Y, sin embargo, al llegar a la Tierra encontramos otras condiciones. Es como si aquí esas voces, esas posibilidades y esas formas de experimentar se mezclaran. Todavía no encuentro la palabra precisa para describir cómo es este planeta dentro de la imagen que he recibido. Quiero dejar esa parte abierta, porque la estoy sintiendo, pero aún no sé nombrarla. Esto implica entender el descenso para q en los siguientes contenidos podamos entender el ASCENSO